miércoles, 8 de julio de 2009

Imprenta Madero

Este es un trabajo de investigacion para Historia de la comunicacion. Habla sobre los origenes del Diseño Grafico en Mexico.
A principios de los años cincuenta, Don Tomás Espresate y Don Enrique Naval, dueños de Librería Madero, habían creado una pequeña imprenta en la que trabajaban amigos y compañeros de organizaciones antifranquistas, José Azorín, Jordi y Francisco Espresate. El taller comenzó con una sola máquina de 50x70 centímetros, y estaba situado en una casa de la calle de Amberes (que todavía no era la Zona Rosa).

Después ya con cuatro máquinas más, la imprenta se traslada a la calle de Aniceto Ortega, en la colonia del Valle. Es entonces cuando en 1954 Vicente Rojo empieza a trabajar en ella. Al principio asesorando la selección de tipos de letras, que empezó con la adopción de las familias Bodoni y Egipto.

Después en toda clase de experimentos para dar al entonces incipiente diseño gráfico mayores posibilidades expresivas. Tales como la utilización «moderna» de grabados, viñetas, marcos, orlas, placas y otros elementos tipográficos tradicionales, como las manitas indicadoras y los asteriscos, las fotografías en alto contraste (técnica que se utilizó en I. Madero diez años antes de que saliera al mercado), los barridos de color, el recurso de presentar obras de artistas famosos y, más adelante, complicados troqueles o suajes y dobleces de papel, así como la utilización de pantallas ampliadas o de grano.

Para los barridos de color, que dieron fama a Imprenta Madero, partió de los carteles de boxeo y lucha libre que por aquel entonces se veían (como todavía hoy) en las calles de las zonas populares de la ciudad de México. El barrido que lograba entintando el rodillo con dos o tres colores, en lugar de uno solo como es habitual, por lo que se consiguen, en un solo tiro, varios tonos diferentes fundidos (barridos) entre sí.

Aunque era difícil evitar que en el momento de la impresión los colores se mantuvieran en su lugar, pero poco a poco, con la magia del impresor Roberto Muñoz, y la aparición del offset, se lograron fundidos perfectos, incluso en espacios pequeños y tiros altos, como en las portadas de libros. A mediados de los sesenta la Imprenta se cambió al actual edificio ya con un amplio equipo técnico: Azorín como director general y Vicente como director artístico, con la colaboración de don Eduardo Ortega y los jefes de taller Antonio Serna, el Inolvidable Gustavo Romero, Jordi Boldó, Elías Ortiz y Oscar Echevarría.

La imprenta Madero realizó durante mucho tiempo unas ediciones privadas con las que felicitaban a sus amigos por las fiestas de fin de año. Cada una era diferente a la anterior, lo que permitía una vez más buscar nuevos divertimentos visuales. (En el diseño gráfico, como en la vida, el humor debe ser indispensable.) En 1980 Imprenta Madero creó Ediciones Multiarte dedicada a impresiones de arte en serigrafía, técnica en la que es un maestro Enrique Cattaneo, quien es el director de esta empresa modelo.

Por otro lado, Rafael López Castro, Formó parte del Grupo Madero, bajo la dirección de Vicente Rojo. Dirigió el Departamento de Diseño del Fondo de Cultura Económica (1978-1986), y fundó en 1985 la editorial El Ermitaño. Diseñador independiente, fue invitado a presidir el jurado de la Segunda Bienal Internacional del Cartel en México en 1992.

Destacado diseñador gráfico, en su trabajo queda reflejada magistralmente la tradición plástica popular mexicana. Con un lenguaje contundente, sustentado por un firme enlace con la cultura visual de México, este artista ha dejado su sello personal en cientos de carteles, portadas, logotipos y diseños editoriales utilizando los recursos del diseñador y creando un estilo propio.

Toda clase de rectángulos - portadas de libros, carteles, invitaciones- y de cuadrados, como en el caso del diseño de discos, forman el espacio en el que se expresa la maestría de Rafael López Castro. Ahí, en esos pedazos de papel, va haciendo aparecer continuamente el milagro de la alianza de las imágenes y la tipografía, la combinación de los alfabetos y los colores, las líneas, los horizontes, las rayas. A veces hace collages llenos de humor, provocativos y estimulantes; a veces sus obras son un verdadero estimulo, lo que sucede con alarmante frecuencia en los años recientes.

Lo que recorre la obra cartelística de López Castro es un gesto levemente irónico y siempre refinado que pone de manifiesto los aspectos extraordinarios de la realidad ya sea por el agrupamiento de dos o más elementos en apariencia irreductibles (al estilo del mejor surrealismo), o por el acento con que se destaca uno de los rasgos de la composición.

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