viernes, 8 de mayo de 2009

Secuencia de Fibonacci y Divina Proporción, matemáticas que rigen la vida

Hace unas semanas mi profesora de Teoría de la comunicación nos dejo leer el código Da Vinci, porque hay muchos símbolos y demás mensajes ocultos los cuales no cualquiera puede descifrar y que necesitas comprender lo que es la comunicación para entenderlo ok...



Pues en el Código Da Vinci se menciona algo que me fascino más que cualquier otra cosa (en si me fascino todo) la "Secuencia de Fibonacci y Divina Proporción" esto es lo que se dice acerca de ellas y es que pese a que a la mayoría nos pesa las matemáticas intervienen en todo lo que nos rodea, nada se concebiría si los números no existiesen. Nuestro principio al igual que el final fue y está pactado por una secuencia numérica…


Leonardo Fibonacci nació en el año 1170 en Italia y vivió gran parte de su vida en África. Fue un genio indiscutible que recibió los conocimientos de matemáticos árabes, durante su vida escribió numerosas obras sobre ciencias matemáticas así como realizó varios descubrimientos de la misma índole. Por su prodigiosa mente y la gran popularidad que poseía formó parte de la corte de Pisa del Sacro Emperador Romano, Federico II.


La sucesión de Fibonacci es la secuencia infinita de los números naturales 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13…, en la que cada uno de ellos es el resultado de la suma de los dos anteriores. El genio matemático la describió en su libro Liber Abaci como la solución a un problema de la cría de conejos: “Un hombre tenía una pareja de conejos juntos en un lugar cerrado y desea saber cuántos son creados a partir de este par en un año teniendo en cuenta que su naturaleza es parir otro par en un mes, y en el segundo mes los nacidos comienzan a parir también”.

Esta secuencia está presente en absolutamente todo, los girasoles contienen 21 espirales que se dirigen a una dirección y 34 que van en forma contraria, ambas cifras son consecutivas en esta cadena. Otro ejemplo lo encontramos en las piñas piñoneras, que tienen 2 grupos de espirales que van en sentidos opuestos y la proporción que guardan entre el número de una y otra está representada por números secuenciales de la serie. Las conchas de los caracoles nautilos poseen curvas en las cuales cada surco completo representa el número áureo cuando se lo compara con la distancia que existe desde la mitad del espiral que le precede.

Por otro lado es necesario destacar que en cualquier valor de más de 3 la proporción entre números correlativos de la cadena de Fibonacci es de 1,618 o número áureo, cifra también llamada proporción áurea o divina proporción. Es un número irracional y se lo representa por la letra griega φ (phi pero se pronuncia “fi” ). No es una unidad sino una relación con vastas propiedades que está presente en todo lo que vemos, desde operaciones geométricas hasta en la forma de las creaciones de la naturaleza: conchas de caracoles, nervaduras de las hojas, grosor de los troncos, las proporciones del cuerpo humano, etc.

Tiene múltiples usos, se aplica en la computación, ciencias matemáticas, teorías de juegos, en la música, como en los modelos de crianza de conejos, plantas, números de cadenas de bits de longitud que no poseen ceros consecutivos, entre otras tantas áreas.

Un dato curioso y digno de mencionar es que todos los objetos que tienen en su esencia el número áureo poseen una estética especial y un misticismo único. Un claro ejemplo es la obra La Mona Lisa de Leonardo da Vinci, en ella el artista hizo uso de rectángulos áureos para dar forma al enigmático rostro y otra de sus trascendentales obras La última cena también cuenta con la proporción divina en su creación, la mesa, la ubicación de Jesús, de los discípulos así como las dimensiones de las paredes del cuarto y las ventanas están inmersas por este número algebraico.

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