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martes, 6 de abril de 2010

Los Beneficios del Fracaso y la Importancia de la Imaginación

El pasado 5 de junio de 2008 la autora JK Rowling brindó en la Ceremonia de Graduación N°357 de la Universidad de Harvard, donde también recibió un título honorífico. En vivo presentábamos la cronología minuto a minuto de lo sucedido en el evento, y ahora en BlogHogwarts hemos traducido al Español el texto completo del discurso de la autora. Es un texto maravilloso, lleno de esperanza y humor, en el cual la autora cuenta anécdotas de su vida y les da sabios consejos a los graduandos. Así mismo, te invitamos a visitar nuestra galería de imágenes de la ceremonia, directamente aquí. Pronto tendremos disponible el video respectivo.

El discurso es extenso, así que no olvides hacer clic en “Seguir Leyendo” en la parte inferior del post para verlo en su totalidad :)



Los Beneficios del Fracaso y la Importancia de la Imaginación
por JK Rowling


Presidenta Faust, miembros de la Corporación Harvard y el Consejo de Supervisores, miembros de la facultad, orgullosos padres, y sobretodo, graduandos.

Lo primero que quisiera decir es “gracias”. No solo Harvard me ha dado un honor extraordinario, sino que las semanas de miedo y náuseas que he experimentado por tener éste compromiso de dar un discurso me han hecho perder peso. Una situación ganadora en todo sentido! Ahora solamente debo tomar aire, mirar los banderines rojos, y engañarme a mi misma para creer que estoy en la convención de Harry Potter más educada del mundo.

Dar un discurso es una gran responsabilidad. O eso pensé hasta que recordé mi propia graduación. La oradora de ese día era la distinguida Baronesa y Filósofa Británica Mary Warnock. El repaso de su discurso me ha ayudado enormemente a escribir éste, porque resulta que no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijo. Este liberador descubrimiento me permitió proceder sin el miedo de que inadvertidamente los influenciara a ustedes a abandonar prometedoras carreras de negocios, leyes, o política, simplemente por el gusto de convertirse en un mago gay.

¿Lo ven? Si todo lo que recordarán en los años venideros es el chiste del “mago gay”, entonces ya estoy mejor que la Baronesa Mary Warnock. Metas alcanzables: el primer paso hacia el mejoramiento personal.
De hecho, me he devanado la cabeza y el corazón pensando en lo que debía decir hoy. Me he preguntado lo que me hubiese gustado tener en mi propia graduación, así como las importantes lecciones que he aprendido durante los 21 años que han expirado desde ese día hasta hoy.

Y he llegado a dos respuestas. En éste maravilloso día en el cual nos reunimos para celebrar su éxito académico, he decidido hablar de los beneficios de fallar. Y mientras ustedes están a punto de ingresar a la llamada “vida real”, quiero también recalcar la crucial importancia de la imaginación.
Estas pueden parecer unas opciones muy Quijotescas o paradójicas, pero por favor escuchen lo que tengo que decir.

Recordar a la joven de 21 años que era cuando me gradué, es una experiencia un poco incómoda teniendo en cuenta que ya tengo 42 años. Hace la mitad de mi vida, me enfrentaba a un extraño balance entre la ambición que tenía para mí misma, y lo que mis personas cercanas esperaban de mí.

Estaba convencida de que lo único que quería hacer, para siempre, era escribir novelas. Sin embargo, mis padres, quienes provienen de entornos pobres y quienes nunca fueron a la universidad, tomaron mi hiperactiva imaginación simplemente como regalo personal que no podría pagar una hipoteca o garantizarme una pensión.

Esperaron que yo me graduara en el ambiente vocacional. Y quise estudiar Literatura Inglesa. Se estableció un compromiso que en retrospectiva no satisfizo a nadie, así que acabé estudiando Lenguas Modernas. Apenas el auto de mis padres volteó la esquina del camino, dejé de estudiar alemán y me escabullí por el Corredor de Clásicos.

No recuerdo haberles dicho a mis padres que estaba estudiando Clásicos. Creo que se enteraron el día de la graduación. De todas las materias de éste planeta, creo que no podrían encontrar una más inútil que Mitología Griega al momento de asegurarse las llaves de un baño de ejecutivo.

Quiero aclarar, entre paréntesis, que no culpo a mis padres por su punto de vista. Hay una fecha de expiración al momento de culpar a tus padres por guiarte en la dirección equivocada. Cuando eres lo suficientemente mayor para tomar las riendas, la responsabilidad siempre está a tu lado. Y aún más, no puedo criticar a mis padres por esperar que yo nunca experimentara la pobreza. Ellos ya eran pobres, y yo entonces ya era pobre, así que concuerdo con ellos en que no es una buena experiencia. La pobreza enfatiza el miedo, y el estrés, y en ocasiones la depresión. Significa miles de humillaciones y necesidades. Salir de la pobreza por tus propios medios, es algo de lo que se debe estar orgulloso, pues la pobreza en sí sólo es romantizada por los tontos.

Lo que más temía de mi misma a su edad no era la pobreza, sino el fallar.


A su edad, a pesar de una carencia distintiva de motivación en la universidad, donde pasé mucho tiempo en las cafeterías escribiendo historias, y muy poco tiempo en las clases, tenía habilidad para pasar los exámenes, y eso, por años, ha sido la medida del éxito en mi vida, por mis esfuerzos.

No soy lo suficientemente ilusa para pensar que porque ustedes son jóvenes, dotados y bien educados, nunca tendrán necesidades o desencantos. El talento y la inteligencia nunca han inoculado a nadie contra los caprichos del destino, así que en ningún momento supongo que todos los aquí presentes han disfrutado su existencia llena de privilegios y consentimientos.

Sin embargo, el hecho de que ustedes se están graduando de Harvard sugiere que no están muy acostumbrados al fracaso. Tal vez hayan tenido miedo a fallar tanto como el deseo del éxito. De hecho, su concepto de fracaso puede no estar muy lejos de la idea del éxito de una persona promedio. Así de alto ya han volado académicamente.

Finalmente, todos hemos decidido lo que para nosotros significa el éxito, pero las palabras no son suficientes para darles un conjunto de criterios si fuera necesario. Así que creo que es justo decir que, de cualquier medida convencional, sólo 7 años después del día de mi graduación, fracasé a una escala épica. Un excepcionalmente corto matrimonio explosionó, y yo estaba desempleada, madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la moderna Gran Bretaña, sin quedarse sin un hogar. Los temores que mis padres sentían por mí, y que yo tenía para mí misma, se convirtieron en realidad, y por todos los estándares usuales, yo era el mayor fracaso que conocía.

No voy a pararme aquí para decirles lo que es el éxito. Ese periodo de mi vida fue muy oscuro, y no tenía idea de pasaría lo que la prensa llama ahora un “final de cuento de hadas”. No tenía idea de qué tan extenso era el túnel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad.
Así que por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significa un camino hacia lo no esencial, me paré pretendiendo que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el trabajo que me interesaba. No triunfé realmente en nada más, pues nunca encontré la determinación de tener éxito en otro campo que fuera de mi interés. Era libre, pues mis más grandes miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una máquina de escribir y una gran idea. Y entonces la roca del suelo se convirtió en los fundamentos sobre los cuales reconstruí mi vida.

Tal vez ustedes nunca fracasen a la escala que yo lo hice, pero algunas fallas en la vida son inevitables. Es imposible vivir sin fallar en ocasiones, a menos que vivas tan cautelosamente que no estás viviendo en realidad, en cuyo caso, fallas por defecto.

El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al pasar los exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes.

La noción de que has surgido más sabia y más fuerte desde el fondo significa que eres, para siempre, segura de tus habilidades de sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba ante la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, por todo lo que se ha ganado con esfuerzo, y que vale más que cualquier calificación alguna vez obtenida.

Si me diera un máquina del tiempo o un Gira-Tiempo, me diría a mi misma a los 21 años que las felicidad personal reside en saber que la vida no es una lista de adquisiciones o logros. Sus calificaciones, su currículum, no son su vida, aunque conocerán a muchas personas de mi edad o mayores quienes confunden estos dos aspectos. La vida es difícil, y complicada, y más allá del control de cualquier persona, y de la humildad de saber que se te permitirá sobrevivir a sus vicisitudes.

Tal vez piensen que escogí mi segundo tema, la importancia de la imaginación, porque parcialmente la usé para reconstruir mi vida, pero eso no es todo al respecto. Aunque defiendo el valor de las historias para dormir hasta mi último aliento, he aprendido el valor de la imaginación en un sentido mucho más amplio. La imaginación no es sólo la capacidad única de los humanos de visionar lo que no es realidad, y por lo tanto, la fuente de todas las invenciones e innovaciones. Es sin duda la capacidad más transformadora y reveladora, es el poder que nos permite enfatizar con humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido.

Una de las experiencias formadoras más grandes de mi vida preceden a Harry Potter, aunque está presente en lo que subsecuentemente escribí en los libros. Esta revelación provino en la forma de uno de mis primeros trabajos diurnos. Aunque me dedicaba a escribir historias durante mis horas de almuerzo, pagaba la renta a mis 20 años al trabajar en un departamento de investigación en las instalaciones de Amnistía Internacional en Londres.

Allí, en mi pequeña oficina, leía asombrada cartas desprovistas de regímenes totalitarios, de hombres y mujeres que se arriesgaban a ser arrestados con tal de informar al mundo lo que les estaba pasando. Vi fotografías de aquellos que desaparecieron sin rastro, enviadas a Amnistía por sus desesperadas familias y amigos. Leí el testimonio de víctimas de tortura y vi imágenes de sus heridas. Abrí resúmenes escritos a mano de juicios de ejecución, de secuestros, y de violaciones.

Muchos de mis compañeros de trabajo eran ex-prisioneros políticos, personas que han sido desplazadas de sus hogares, o enviadas al exilio, porque tuvieron la temeridad de pensar independientemente de su gobierno. Los visitantes de nuestra oficina incluían a aquellos que iban a dar información, o que intentaban averiguar qué paso con quienes fueron forzados a dejar atrás.

Nunca olvidaré a una víctima de tortura Africana, un hombre no mayor a mí en ese momento, quien se volvió loco después de todo lo que tuvo que soportar en su tierra. Temblaba incontrolablemente al hablar a una cámara de video acerca de la brutalidad que se le infringió. Era un pie más alto que yo, y parecía tan frágil como un niño. Se me dio la tarea de escoltarlo a la Estación Subterránea, y éste hombre cuya vida había sido sacudida tan cruelmente, me tomó de la mano con una exquisita cortesía, y me deseó un futuro feliz.

Y desde entonces recuerdo caminar por ése vacío corredor y de repente escuchar, desde detrás de una perta cerrada, un grito de dolor y horror como nunca antes había oído. La puerta se abrió, y la investigadora sacó la cabeza y me dijo que corriera a preparar una bebida caliente para el hombre sentado junto a ella. Me acababa de dar la noticia de que en retaliación por hablar en contra del régimen de su país, su madre había sido atrapada y ejecutada.

Todos los días laborales de mis 20 años se me recordaba lo afortunada que era, de vivir en un país con un gobierno elegido democráticamente, donde la representación legal y un juicio público son los derechos de todos.

Todos los días, veía evidencias de las maldades que la humanidad infringe en sus compañeros humanos, para ganar o mantener el poder. Comencé a tener pesadillas, literalmente, acerca de algunas de las cosas que vi, oí, y leí.

Y además, aprendí más acerca de la bondad de la humanidad en Amnistía Internacional de que había aprendido antes.

Amnistía moviliza a miles de personas que nunca han sido torturadas o encarceladas por sus creencias de actuar a favor de quienes sí lo han sido. El poder de la empatía humana, que conlleva a la acción colectiva, salva vidas, y libera prisioneros. La gente ordinaria, cuyo bienestar y seguridad están asegurados, se unen en cantidades enormes para salvar a personas que no conocen, y que nunca conocerán. Mi pequeña participación en ese proceso fue una de las experiencias más humildes e inspiradoras de mi vida.

A diferencia de cualquier otra criatura de éste planeta, los humanos podemos aprender y comprender, sin tener que experimentar. Podemos pensar por nosotros mismos dentro de las cabezas de otras personas, e imaginarnos a nosotros mismos en los lugares de otros.

Por supuesto, este es un poder, como mi creación de magia ficticia, que es moralmente neutral. Uno puede usar esa habilidad para manipular, o controlar, tanto como para comprender o simpatizar.

Y muchos prefieren no ejercitar su imaginación en absoluto. Ellos escogen permanecer cómodamente dentro de los límites de su propia experiencia, sin preocuparse por pensar cómo se siente haber nacido siendo otro. Ellos se rehúsan a escuchar gritos o a mirar dentro de jaulas. Pueden cerrar sus mentes y corazones ante cualquier sufrimiento que no los toque personalmente. Pueden rehusarse a conocer.

Podría estar tentada a envidiar a las personas que pueden vivir de esa manera, a excepción de que no creo que ellos tengan menos pesadillas que yo. Escoger vivir en espacios limitados que conllevan a una forma de agorafobia mental, que trae sus propios terrores. Creo que las personas sin imaginación ven más monstruos. Y a menudo están más asustadas.

Además, aquellos que escogen no enfatizar podrían activar a monstruos reales. Sin tener que comprometernos a reivindicar la maldad en nosotros mismos, operamos en secreto con esto, a través de nuestra propia apatía.

Uno de los muchos aspectos que aprendí al final del Corredor de Clásicos en el cual me aventuré a los 18 años, en búsqueda de algo que no podía definir en ese momento, fue esto, escrito por el autor Griego Plutarco: “Lo que logramos en el interior cambiará la realidad exterior”.

Esa es una asombrosa frase que se comprueba miles de veces cada día de nuestras vidas. Expresa, en parte, nuestra inescapable conexión con el mundo exterior, el hecho de que tocamos las vidas de otras personas simplemente al existir.

¿Pero a cuántos más de ustedes, graduandos de Harvard de 2008, les atrae la idea de tocar las vidas de otras personas? Su inteligencia, su capacidad del trabajo arduo, la educación que se han ganado y recibido, les ha dado un estado único, y unas responsabilidades únicas. Incluso su nacionalidad los aparta. La gran mayoría de ustedes pertenecen sólo al super-poder restante del mundo. Las manera como voten tiene un impacto más allá de sus límites. Este es su privilegio, y su carga.

Si escogen usar su estado e influencia para elevar su voz a favor de los que no tienen voz. Si escogen identificar no sólo lo poderoso, sino también lo que no tiene poder. Si conservan la habilidad de imaginarse a sí mismos en las vidas de otras personas que no tienen sus ventajas, entonces no sólo serán el orgullo de sus familias quienes celebran su existencia, sino de miles y millones de personas cuya realidad ustedes habrán ayudado a transformar para bien. No necesitamos magia para cambiar al mundo, pues ya llevamos el poder necesario dentro de nosotros mismos: tenemos el poder de imaginar algo mejor.

Ya casi termino. Tengo una última esperanza para ustedes, que es algo que ya tenía a los 21 años. Los amigos con los que me senté el día de la graduación lo han sido durante toda mi vida. Por ejemplo los padrinos de mis niños, las personas con quienes he contado en tiempos difíciles, amigos que han sido tan amables como para no demandarme por usar sus nombres para los Mortífagos. En nuestra graduación nos unía un enorme afecto, por nuestras experiencias compartidas en un tiempo que ya no podrá volver, y por supuesto, por el conocimiento de que tenemos cierta evidencia fotográfica que sería excepcionalmente valiosa si cualquiera de nosotros se convirtiera en Primer Ministro.

Así que hoy, no les puedo desear nada mejor que amistades similares. Y mañana, espero que aunque no recuerden ni una palabra de lo que dije, recuerden las palabras de Seneca, otro de aquellos antiguos Romanos con los que me encontré en el Corredor de los Clásicos, como refugio de mi carrera, en búsqueda de la vieja sabiduría:

“Como un cuento, así es la vida. Lo que importa no es qué tan larga es, sino qué tan buena es”.

Les deseo buenas vidas a todos.

Muchas gracias.

…

Visto en BlogHowarts
Para quien desee leerlo en Inglés, se encuentra aquí :)

jueves, 11 de febrero de 2010

with color


Si el día está gris, saca la caja de pinturas de colores.

Zilniya

martes, 10 de noviembre de 2009

Tengo un sueño


Hoy recorde que cuando estudiaba en la secundaria medio lei este discursoy hoy se me ocurrio buscarlo y publicarlo. Espero les guste tanto como a mi.



El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King, Jr. pronuncio un discurso delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, durante una histórica manifestación de más de 200,000 en pro de los derechos civiles para los negros en los EE.UU.

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes
hoy

, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, "¿Cuándo quedarán satisfechos?"


Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano".

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!


Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!


Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad". Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! "De cada costado de la montaña, que repique la libertad".

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!"

miércoles, 28 de octubre de 2009

La Fiesta de la diosa viviente Kumari en Nepal

Cuando enfilé el peligroso pero al mismo tiempo espectacular aeropuerto de Katmandú, en Nepal, apenas podía imaginarme las muchas maravillas que iba a encontrarme en aquel país rodeado de las más altas montañas del mundo, en las cercanías del Everest, y arraigado en sus propias ancestrales tradiciones. Como tampoco podía imaginarme que viviría en primera persona su fiesta más importante: la Fiesta de la Kumari, la diosa viviente del Nepal.

Hay viajes que te sorprenden con regalos inesperados, con cosas que nunca te habías planteado ni organizado en tu agenda, y aquel día, a medida que me acercaba al centro de la capital, fui observando para mi asombro la gran cantidad de gente que se arremolinaban en la Durbar Square, en plaza principal, frente al Palacio de la Kumari.

Como buenamente pude me fui informando, y al final pude comprender que estaba presente en el día más importante del año para los nepalíes, el 15 de septiembre.


Las leyendas cuentas cómo Indra envió a su hijo a la tierra a buscar flores. Creyendo que era un simple mortal que iba a robar, el pequeño dios fue apresado. Montando en cólera, el dios Indra mismo bajó a la Tierra dispuesto a castigar a los culpables, más éstos, cuando repararon en el tremendo error cometido, dedicaron siete días consecutivos a adorar al hijo apresado. Indra, cambiando el ánimo ante tanta adoración, decidió finalmente darle sus bendiciones al pueblo en forma de lluvias en esos días, cada año, y prometió conducir a sus muertos él mismo al reino de los cielos.

Es la tradición la que narra la historia de una niña, de entre 3 y 12 años, que es elegida como la diosa viviente. La niña, la futura Kumari, que ha de ser virgen, debe superar antes de su elección una serie de pruebasque demuestren que es la portadora de las virtudes mística de los dioses en la Tierra. De todas esas pruebas, la final es la más dura, pues la niña deberá ser encerrada en un lugar lleno de cabezas de animales muertos y de máscaras terroríficas de dioses. Si la niña muestra sus dotes y no se inmuta ante tanto horror, la niña es elegida como representante de la propia diosa Kali en la Tierra, título honorífico que mantendrá hasta cumplir los 12 años.

Aunque la elección es todo un honor para la familia, en la realidad, la niña permanece encerrada en palacio de por vida mientras es diosa, e incluso le está prohibido contacto humano ni terrenal, e incluso se le imposibilita pisar el suelo para eludir las impurezas del mundo.

Esa misma tradición exige que los templos de la ciudad permanezcan constantemente iluminados con velas, lo que viste las noches nepalíes de un velo. Es el último de esos días cuando la Kumari sale de su palacio sobre un trono para recorrer las calles en dirección al templo. Le acompaña su pueblo, y allí a las puertas del Templo, le espera el Rey de Nepal, quien en el momento del encuentro le hace la ofrenda de una moneda. De vuelta a su Palacio, las danzas y la alegría se ha apoderado de las calles, y sus gente le arrojan monedas a la diosa en petición a que no falten en el futuro.

Es una ceremonia ancestral que para quienes no vivimos de esa religiosidad ni ese fervor, nos resulta no sólo exótica, sino profundamente entrañable. Al menos, así lo sentí. Amor y fervor por su pequeña diosa viviente, la Kumari.

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Propiedad de la foto: Javier Gómez

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